Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, alzo la voz como una de tantas que exigimos justicia y cambio. Este día, más que un homenaje, es un recordatorio de una realidad que no podemos ni debemos ignorar: en España, cada año, decenas de mujeres pierden la vida a manos de sus parejas o exparejas. Son cifras desgarradoras que nos confrontan con la brutalidad de la violencia de género, una lacra que atraviesa generaciones, culturas y clases sociales.

Es inadmisible que aún se siga cuestionando el relato de las víctimas, que se normalicen actitudes machistas o que el silencio cómplice perpetúe este ciclo de abuso. No podemos seguir viendo estas tragedias como hechos aislados, porque detrás de cada cifra hay una historia: sueños truncados, familias rotas, vidas arrebatadas. Me niego a aceptar que esto sea una constante en nuestra sociedad.

El cambio comienza con la educación, inculcando desde edades tempranas valores de igualdad y respeto, desafiando estereotipos de género y fomentando relaciones sanas. Pero también necesitamos un sistema judicial que proteja eficazmente a las mujeres, que no minimice las denuncias y que castigue con contundencia a los agresores.

Hoy no solo marchamos, también exigimos. Exigimos políticas públicas comprometidas, recursos para las víctimas y un compromiso real de todos los sectores. Porque cada mujer tiene derecho a vivir sin miedo, y ninguna debería sentir que su voz no importa.

Este Día de la Mujer, más que una celebración, es un llamado a la acción. No queremos más minutos de silencio por mujeres que no deberían haber sido silenciadas. Queremos ser escuchadas, respetadas y, sobre todo, vivir libres y seguras. Por cada una de nosotras y por las que ya no están, no nos detendremos hasta lograrlo. Lo repito: en la Asociación española por la Igualdad de Género «Genus Aequalitatem» seguiremos luchando para acabar con la violencia de género y con todas las violencias machistas.

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