- El acoso escolar o bullying va en aumento en este país nuestro. Es un gato al que nadie le pone cascabel. Se sabe y se calla, se calla y se sabe. La ley del silencio cae como un manto imposible de levantar sobre los muchos casos de acoso a estudiantes por parte de compañeros y/o compañeras. Tengamos en cuenta solo un dato: el 12,3% de los alumnos afirma sufrir o conocer casos de acoso escolar.
- Estos días ha salido a la luz pública el caso de un menor acosado en Málaga de forma brutal. La Guardia Civil mantiene abierta una investigación por ese presunto caso de acoso continuado a un menor de 14 años con una discapacidad reconocida del 65% en un instituto de Villanueva del Trabuco, en Málaga. La denuncia fue presentada por la madre del adolescente, quien alertó de que su hijo llevaba tiempo sufriendo burlas, insultos y humillaciones por parte de varios compañeros de su centro escolar. Según el testimonio familiar, el menor habría sido objeto de comportamientos vejatorios que afectaron gravemente a su bienestar emocional.
- Uno de los elementos más graves de la denuncia es la supuesta difusión de imágenes íntimas del menor, tomadas en los baños del centro sin su consentimiento. Estas fotografías habrían circulado por WhatsApp desde el verano del año anterior y, además, se habrían utilizado para crear ‘stickers’ que posteriormente fueron colocados en los aseos del instituto, lo que constituye una vulneración de su intimidad y un agravamiento del acoso. La madre afirma no haber visto directamente las imágenes, pero sí haber recibido confirmación de su existencia por parte de otras personas.
- Lo de siempre: todo se sabe, todo se calla y todo se permite. Porque en un caso de acoso escolar, culpables son los que acosan y culpables son los que se ríen y los que callan. Unos niños y niñas que no le comunican al profesorado la situación de acoso que está viviendo un compañero o compañera también tienen mucha culpa. Están en la línea de los papás y mamás que no quieren problemas, pero se hacen eco del susurro que sale por sus labios.
- ¿Y qué hizo el instituto en este caso de Málaga? El centro educativo activó el protocolo específico contra el acoso escolar el 8 de enero, aunque ya en diciembre había adoptado medidas de convivencia y protección para el alumno afectado. Entre esas medidas se incluye la expulsión de al menos un estudiante presuntamente implicado en los hechos, como parte de las sanciones disciplinarias aplicadas mientras avanza la investigación. Las autoridades educativas han confirmado que el protocolo continúa en marcha y que se está realizando un seguimiento estrecho del caso.
- Parece que el protocolo antiacoso no impidió que las fotos íntimas del menor forraran las puertas de los aseos. Tampoco impidió el protocolo antiacoso que los presuntos acosadores desnudaran al joven y le quitaran fotos.
- La familia del menor sostiene que las burlas y agresiones psicológicas eran constantes y que el adolescente llegaba a casa profundamente afectado, expresando incluso su deseo de “ser normal”, según relató su madre en declaraciones públicas. Este caso ha generado preocupación en la comunidad educativa y ha reavivado el debate sobre la eficacia de los protocolos de prevención del acoso escolar, especialmente en situaciones que involucran a menores con necesidades especiales.
- En la Asociación española por la Igualdad de género «Genus Aequalitatem» exigimos a las autoridades competentes medidas contundentes contra el acoso escolar. Déjense de protocolos y actúen. Estamos en un país democrático y no podemos permitir que haya manadas de acosadores y palmeros destrozando las vidas de sus compañeros y compañeras. Es hora de dejarles claro a presuntos acosadores y a papás y mamás de esos presuntos acosadores y acosadoras, que la Justicia tiene que caer sobre ellos con todo el peso de la ley. Si hay que meter a los acosadores/as en centros de menores reformatorios, ¡que los metan!.
