- La juventud española ya está viviendo peor que sus padres y peor que sus abuelos. Más que un Estado del Bienestar están viviendo nuestros jóvenes un Estado del Malestar. De hecho, el Estado del ienestar enfrenta una de sus mayores grietas estructurales al evaluar la situación de la población joven en España. Según datos recientes publicados por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-ES), el 27% de los jóvenes entre 16 y 29 años se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, lo que equivale a más de dos millones de personas en todo el país. Esta realidad sitúa a las nuevas generaciones en una posición de extrema vulnerabilidad económica, desafiando directamente la premisa de igualdad de oportunidades y protección social que persigue el modelo público.
- La precariedad laboral y las barreras en el acceso a la vivienda representan el principal obstáculo para el desarrollo de proyectos vitales independientes de las chicas y chicos de hoy en día. Un informe emitido por CC OO evidencia que solo el 31% de los jóvenes de entre 18 y 34 años logra vivir de forma independiente sin requerir apoyo económico familiar, sufriendo un retroceso drástico en comparación con el 41% registrado en 2016. El mercado inmobiliario ejerce una presión asfixiante, estimándose que el coste del alquiler promedio absorbe de manera generalizada cerca del 96% del salario total de una persona joven.
- Esta exclusión socioeconómica tiene un impacto devastador e inmediato sobre la salud mental de la juventud. De acuerdo con el estudio realizado por el Consejo de la Juventud de España y Oxfam Intermón, el 55,6% de las personas jóvenes con carencias materiales severas padece problemas de salud mental, una cifra significativamente superior al 37,7% de quienes no sufren dichas dificultades monetarias. Además, en los entornos juveniles que sufren una mayor vulnerabilidad, hasta un 59,6% califica su bienestar psicológico reciente como «regular» o abiertamente «malo».
- Ante la insuficiencia de las políticas de inversión social, las redes de apoyo familiar han tenido que asumir el rol protector que le correspondería a la administración pública. En la actualidad, más de un tercio de los padres se ve obligado a asistir económicamente a sus hijos para gastos cotidianos básicos como la luz, la alimentación o la cobertura de deudas. Esta transferencia de responsabilidades convierte el concepto de Estado del bienestar en una quimera para millones de ciudadanos que dependen exclusivamente del patrimonio familiar para subsistir.
- Los análisis históricos confirman que las condiciones actuales reflejan una pérdida de oportunidades estructurales respecto a épocas anteriores. El Indicador Sintético de la Juventud desarrollado por la Fundación PwC determina que los jóvenes actuales sufren una situación social y económica peor que la de hace 30 años. Corregir esta asimetría exige un replanteamiento profundo de las políticas públicas y un aumento directo de la inversión social enfocada en vivienda accesible y empleo de calidad para evitar la desconexión definitiva de toda una generación.
- En la Asociación española por la Igualdad de género «Genus Aequalitatem» vemos esta situación de precariedad de la juventud en nuestro país con preocupación. Los alquileres suben cada día más. Hacer frente a una hipoteca es un reto imposible para una persona que está iniciando su vida laboral. ¿Cuál es la alternativa, entonces? ¿Tal vez seguir viviendo en la casa de papá y mamá hasta que nos hagamos cuarentones o cincuentones?… No nos extrañemos, pues, que la natalidad caiga porque cuando no hay nido no hay pajaritos. Y en este mal llamado Estado del Bienestar no hay nidos para todos y todas. Por eso nos multiplicamos poco.
