• Los trenes en este país nuestro dejan mucho que desear, sobre todo, en seguridad. Hoy, 28 de octubre de 2026, se ha producido una de las mayores tragedias ferroviarias de su historia reciente en la provincia de Toledo. Un brutal choque entre dos trenes de alta velocidad nos ha conmocionado. De inmediato se ha activado una alerta de emergencias sin precedentes en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. El suceso ha paralizado por completo la conexión ferroviaria con el sur peninsular, desatando una oleada de dolor y consternación.
  • El trágico accidente se produjo en torno a las 8:54 de la mañana en el punto kilométrico 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, concretamente en un tramo entre las localidades toledanas de Urda y Los Yébenes. Un tren AVE de la compañía Renfe, que circulaba a unos 200 km/h con cerca de 400 pasajeros a bordo, embistió por detrás a un convoy de la empresa privada Iryo que se encontraba totalmente detenido en la vía. A causa del fortísimo impacto por alcance, los vagones traseros del tren de Iryo y parte del AVE descarrilaron de forma violenta y terminaron precipitándose por un terraplén de grava, quedando varias estructuras destruidas.
  • Son muchas las personas fallecidas. El balance provisional de víctimas de esta catástrofe ferroviaria asciende ya a al menos 68 personas fallecidas y más de un centenar de heridos, muchos de ellos en estado crítico. Ante la magnitud de la colisión, se ha desplegado un descomunal contingente de auxilio sobre el terreno que incluye a más de 400 agentes de la Guardia Civil con helicópteros y drones, dotaciones de bomberos, Cruz Roja y unos 200 militares de la Unidad Militar de Emergencias (UME), quienes han instalado un hospital de campaña y una morgue provisional en la zona para gestionar la emergencia.
  • Nos preguntamos las causas del accidente. ¿Cómo es posible que choquen dos trenes de alta velocidad cuando se supone que está todo informatizado? Las primeras hipótesis analizadas por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) apuntan a una nefasta concatenación de fallos técnicos y humanos como el origen de la colisión. Minutos antes del impacto, se registró una avería informática generalizada que provocó la caída del sistema de seguridad automática LZB, obligando a los trenes a operar bajo un protocolo degradado manual. En ese escenario, se sospecha que un operario del centro de control de Adif en la estación de Atocha autorizó por error al tren AVE a continuar su marcha normal a pesar de que la señal lumínica permanecía en rojo y la vía seguía obstaculizada por el convoy de Iryo.
  • La gravedad del suceso ha forzado a los principales partidos políticos a suspender todos sus actos oficiales de precampaña electoral. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha desplazado al puesto de mando avanzado en Urda, donde ha asegurado que la investigación llegará hasta el final para depurar cualquier negligencia cometida. Eso sí, don Pedro no admitió preguntas de los periodistas. Asimismo, se han decretado tres días de luto oficial en memoria de las víctimas, mientras las compañías aéreas refuerzan sus conexiones con Andalucía ante la suspensión indefinida del tráfico ferroviario en la línea afectada.
  • En la Asociación española por la Igualdad de género «Genus Aequalitatem» nos solidarizamos con las víctimas y con sus familiares. Resulta indignante que tengamos que volver a vivir una tragedia ferroviaria en España. La alta velocidad no es segura en este país. Lo podemos afirmar con la rotundidad que dan las cifras.
  • En las últimas décadas, España ha sufrido graves tragedias sobre las vías, destacando como la peor del siglo XXI el descarrilamiento del tren Alvia en Angrois (Santiago de Compostela, 2013), que causó 80 muertes y más de 140 heridos tras tomar una curva con exceso de velocidad. Previamente, en el año 2006, el descarrilamiento en la red de Metrovalencia provocó 43 fallecidos, consolidándose como el accidente de metro más grave en la historia del país. En el ámbito de la colisión entre trenes, el choque frontal en Chinchilla (Albacete, 2003) se saldó con 19 víctimas mortales debido a un error humano de señalización en vía única. Ya en el año actual (2026), antes de la catástrofe ocurrida hoy en Toledo, el siniestro de alta velocidad en Adamuz (Córdoba) dejó un trágico balance de 46 personas fallecidas tras chocar un tren Iryo y un convoy Alvia de Renfe.
  • Las cifras hablan por sí solas. No se puede decir que la alta velocidad sea segura. Han querido que los trenes sean aviones y solo han conseguido que aumente el número de fallecidos en cada accidente y que haya más accidentes. Tal vez, insisto, toca replantearse la vida entera. Tal vez habría que cambiar las prisas por la calma del trabajo bien hecho y del trabajo pausado.

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