- Las previsiones económicas están pasando de color castaño oscuro a color negro según van pasando las horas. Vuelve a dibujarse un panorama de inestabilidad global que recuerda inevitablemente a episodios recientes. Hace cuatro años, la invasión rusa de Ucrania desencadenó una crisis energética de alcance mundial; hoy, el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán amenaza con reproducir un escenario similar. La reacción inmediata de los mercados ha sido contundente: el precio del petróleo se disparó ante el temor de que Teherán opte por cerrar el estrecho de Ormuz, un paso marítimo estratégico por el que circula aproximadamente el 20 % del crudo que se consume en el planeta. La sola posibilidad de un bloqueo ha sido suficiente para alterar las previsiones económicas y generar inquietud en gobiernos y empresas.
- El impacto potencial sobre Asia es especialmente significativo. China, que recibe un tercio del petróleo que transita por Ormuz, se ve obligada a replantear de forma urgente su mapa de suministros. La búsqueda de nuevos proveedores implicará un aumento de la competencia internacional por los barriles disponibles, lo que previsiblemente elevará los precios globales. Este reajuste no solo tensionará las relaciones comerciales, sino que también podría reconfigurar alianzas energéticas y acelerar la diversificación hacia fuentes alternativas, aunque estas no puedan compensar de inmediato la magnitud del suministro en riesgo.
- Europa tampoco queda al margen de esta crisis incipiente. Aunque España solo obtiene alrededor del 5 % de su petróleo del Golfo Pérsico, la interdependencia de los mercados energéticos hace inevitable que nuestro país sufra las consecuencias. En los últimos días, la gasolina ha comenzado a encarecerse y el gas registra incrementos aún más pronunciados. La volatilidad del mercado energético europeo, ya tensionado por los efectos persistentes de la guerra en Ucrania, se ve ahora agravada por un conflicto que amenaza con extenderse y comprometer rutas esenciales para el comercio mundial.
- El encarecimiento del gas tiene un efecto directo sobre el precio de la electricidad, especialmente en sistemas como el español, donde una parte relevante de la generación depende de esta materia prima. Según las estimaciones iniciales, si los combates no disminuyen en un plazo de quince días, el recibo medio de la luz en los hogares podría pasar de 47 a 64 euros. Este incremento, que afectaría de manera inmediata a millones de familias, también repercutiría en la competitividad de las empresas, especialmente las más intensivas en consumo energético.
- Las implicaciones económicas de esta escalada militar van más allá del corto plazo. La incertidumbre prolongada puede frenar inversiones, alterar cadenas de suministro y obligar a los gobiernos a adoptar medidas extraordinarias para amortiguar el impacto en los consumidores. Asimismo, la tensión geopolítica en una región tan sensible como Oriente Medio incrementa el riesgo de que otros actores se vean arrastrados al conflicto, lo que ampliaría aún más las repercusiones económicas y estratégicas. Vemos como Israel ya está bombardeando Líbano, en este escenario de guerra total en el que va de la mano de Estados Unidos.
- En la Asociación española por la Igualdad de género «Genus Aequalitatem» observamos con preocupación un escenario que, de no estabilizarse, podría desembocar en una crisis energética de dimensiones comparables o incluso superiores a la vivida en 2022. No cabe duda de que los principales dirigentes internacionales en vez de pensar en construir piensan en destruir. Estamos viviendo unas décadas de señores de la guerra.
- En este contexto, la necesidad de reforzar la seguridad energética vuelve a situarse en el centro del debate. La diversificación de fuentes, el impulso a las energías renovables y la cooperación internacional emergen como pilares imprescindibles para mitigar la vulnerabilidad ante conflictos externos. Sin embargo, estas soluciones requieren tiempo, inversión y estabilidad política, tres factores que hoy parecen más frágiles que nunca. La evolución del conflicto en las próximas semanas será determinante para evaluar el alcance real de esta nueva crisis y para definir las estrategias que permitan a los países afrontar un futuro energético cada vez más incierto.
